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Terra
La Coctelera

SIX FEET UNDER in memoriam

No nos enseña Hollywood a donde van los cadáveres.

En la industria del ocio se mata, se muere e incluso se resucita en directo, pero no nos enseñan que hacen con los muertos. Muy ocasionalmente se muestra el dolor de la familia, el impacto del hecho, la ausencia, los destrozos internos de los que se quedan, siempre y cuando se pueda exprimir en taquilla. Pero nunca vimos la muerte cómo algo presente, cotidiano. Nunca vimos lo que conlleva la perdida de la persona cercana. El descuadre de la vida en unas horas, las negociaciones cargadas de dolor que supone un entierro o una incineración. Tampoco salió la viuda del atropellado anónimo y la mediocre vida que llevó después. No se nos enseñó cómo los padres del soldado de Vietnam, cada año, ponen flores en su tumba o cómo el hijo de 11 años no superó la muerte de su hermano...

Ese era el punto de partida de SIX FEET UNDER (A dos metros bajo tierra), serie mítica de la moderna televisión emitida por la HBO durante 5 años. La vida desde una funeraria. La vida desde la muerte, con sus cotidianidades sus miserias y sus cadáveres maquillados. Pero la verdadera audacia de la serie, a parte de la temática, fueron sus personajes. Una viuda adúltera desde antes de que se muriese su marido, y tres hijos. El mayor con una vida desordenada que regresa a casa y se ve en la necesidad de hacerse cargo del negocio familiar con su hermano. El segundo picoteando siempre en lo mas perverso de su homosexualidad reprimida. Y la tercera hermana, una adolescente preuniversitaria, con adicciones peligrosas a la que veremos crecer física e interiormente. Todos en continuo conflicto emocional, poliédricos, oscuros, con múltiples aristas. Les veremos sufrir, llorar, reír, amar, con una desnudez de sentimientos que no habíamos visto antes en una pantalla.

Queda en mi recuerdo el impacto que fue ver el primer capítulo. Desde el inicio de sus créditos, donde con el mismo preciosismo que se filma un anuncio de perfumes, nos enseñan elementos relacionados con la muerte...

... Y los seis minutos finales de la serie. De lo mejor que vi nunca en televisión. En el último capítulo de la quinta temporada. Una debacle emocional, donde la hija abandona el nucleo familiar (muerto el hijo mayor) hacia un trabajo prometedor como fotógrafa en New York. Como en una visión, asistiremos al futuro de cada uno de los protagonistas. La cámara sube y sube para identificarnos casi con Dios, mientras Claire se aleja por la carretera...

A MEDIA TARDE (cuento)

Griselda entró despacito. Se acercó a la ventana y miró a través de los agujeros de la persiana bajada. No supo que hacer, si cerrarla o dejarla abierta. Una casi imperceptible brisilla cálida se colaba en la habitación. ¡Hacía tanto calor! Dejó sobre la mesita una botella de agua mineral y se sentó en la cama, cerca de la almohada. Le miró. Todavía dormía. Tomó aire como para suspirar sonoramente, pero no lo hizo. Con la punta de un pie, se sacó una sandalia y procuró que no hiciese ruido al caer en el suelo. Luego cambió de pié e hizo lo mismo. Después, se fue abriendo los botones de la camisa, de abajo a arriba, no sabia bien por qué, pero era su manía. la dejó caer y oyó el repiqueteo de los botones al tocar el suelo. Se recostó sobre la cama, y volvió a mirarle. Se aflojó el botón del tejano y abrió despacito la cremallera. Necesitaba estar cómoda. Pensó un momento en lo feliz que era a su lado. Sonrió. Seguía dormido. Tenía el pantalón pegado a la piel, por el sudor y con esfuerzo se lo fue quitando para quedarse con sus braguitas amarillas. Las colocó en su sitio. Se estiró intentando que el poco aire que entraba en el cuarto, secase el sudor de su piel. Dejó pasar unos minutos. Mirándolo. Tuvo la tentación de despertarlo y acercó su mano a cinco centímetros de su espalda, pero no. Quería estar lista para él. Entre sus pechos encontró el cierre del sujetador y lo desabrochó. Había tanto silencio que podría jurar que oyó el "click" del enganche al soltarlo. Bajó los tirantes a las manos y lo dejó encima de la camisa. Tenía todavía unos pechos hermosos. Se los acarició levemente. Se acercó a la mesita y buscó un paquetito de pañuelos de papel. Abrió la botella de agua, y mojó uno. El agua todavía estaba fría. Pasó la punta del papel alrededor de su pezón derecho y creyó tener la sensación de notar como se le endurecía. Después, pasó al izquierdo, y repitió el ritual. Le gustaba la sensación del agua fría en sus pezones. Se tumbó sobre su lado derecho en la cama y rozó con sus dedos la columna vertebral de él. Le encantaba despertarlo despacito. Abrió los ojos. A Griselda le pareció casi cómico como intentaba enfocarlos. Él la reconoció y le dedicó una sonrisa. Alargando una mano rozó uno de sus pechos. Ella se acercó un poco más a él y le puso un pezón en los labios... Se sentía tan feliz, dando de mamar a su hijo....

LOS CUATROCIENTOS GOLPES

Nos aplastan, nos pisotean,

nos dan patadas en la boca

latigazos en la espalda.

Nos apalean.

Los edificios se derrumban tirándonos los cascotes en la cabeza.

Los perros se orinan en nuestra pierna.

Nos acuchillan por la espalda

Sangramos....

pero curamos las heridas.

plantamos cara.

Luchamos, nos enfrentamos, defendemos.

Levantamos el cuerpo y volvemos a caer para ponernos otra vez en pie.

Alzamos la mirada al futuro y a la esperanza...

Lo mejor siempre estará por llegar...

Como en la película "Les quatre-cents cups" , solo somos unos niños que pasamos por la vida, temerosos y faltos de afectos; con montones de lastres; con golpes continuos. Pero nadie nos quita nunca la capacidad de soñar, la sensación de emocionarnos con el hormigueo de una ola acariciando nuestros pies...

Sea el inicio de este viaje a ninguna parte, un homenaje a François Truffaut, a su actor fetiche Jean Pierre Leaud, y al personaje que crearon juntos: Antoine Doinel.

en el principio... les dejo con el final...